pero se le llora,
no a la tristeza,
tampoco al amor,
no al enojo,
ni a lo desconocido,
a lo cotidiano:
a los ritmos muy buenos, al despertar, al tiempo pasando, a los bosquejos, a la manzana que no estaba buena y se quedó conmigo completa, al desperdicio.
al empapelado que quiere desgarrarse de la pared, a lo que no me salio bien de entrada, a esa pantera negra que ronda en mi colchón y cuanto la voy a extrañar.
a lo que me quedo pendiente, a las plantas sobreviviendo en el balcón y la ciudad, a aquellas que se rindieron también.
a los sublimes, a esta enfermedad que no me deja salir, a esa coherencia tan insoportable, llorar cuando recordas que estas en la dolorosa experiencia que es permanecer en guerra.
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